Volar, el sueño realizado de Da Vinci

DSC02071
Alcanzar el vuelo, ha sido el sueño de la humanidad por muchos siglos, nos hemos inventado leyendas y ángeles, para lograr lo que al hombre le había sido imposible. Mirábamos al cielo con envidia de las aves, no nos podíamos explicar como Dios, no le otorgara ese don a su criatura más amada… Hicimos uso de la inteligencia y de la ciencia; y aunque subimos por el aire, después de muchos accidentes, seguíamos sin lograr lo que las aves. Cierto es que, hace años, los hermanos Wright lograron desprenderse del suelo, y antes los vuelos en globos, pero volar en avión o en dirigible, es como ganar al dominó con trampas, las aves vuelan sin motores, solo necesitan un par de alas (resultado de un diseño generado y pulido en siglos de evolución). El hombre quiere volar al natural, sin estar encerrado en cápsulas de metal… hoy, ese sueño es posible.

DSC_0044_7

El vuelo en parapente es la experiencia más próxima que se puede tener al vuelo de un ave, es lograr el sueño imposible de los seres humanos: Dominar los cielos, es convertirse en Dédalos, (incluso el peligro de ser un nuevo Ícaro), es alcanzar lo que miles de millones de personas, en la historia de la humanidad, no han podido, es vivir la experiencia de un ángel.

DSC_0060_7

Es el vuelo más sencillo de todos, donde interviene tecnología mínima, eres tú y el viento principalmente, algunos cordeles y la lona. Lo pueden practicar personas muy jóvenes y muy viejas, inválidos o discapacitados, es una experiencia única, para quien lo hace por vez primera, es todo un salto en su archivo de emociones. Yo siempre soñaba con ello, soñaba que daba una carrera y con un esfuerzo de concentración comenzaba a elevarme hacia el cielo; mi sueño era tan vívido, que incluso tenía que tener mucho cuidado con el tendido eléctrico y las antenas de los edificios. El sueño fue tan recurrente, que quedó en una especie de obsesión, escribí cuentos sobre ello y finalmente estudié física. Yo quería desprenderme de la maldición de arrastrarnos por el suelo y de vivir la experiencia de un ave rapaz planeando por los cielos.

Así que me fui hasta Guisa, poblado que reúne a los mejores pilotos de parapentes de Cuba y que cuenta con unas de las más bellas zonas de vuelos del país.

DSC00156

DSC00322

Allí me recibió un grupo de experimentados pilotos, el Chino Gerardo, Alex y otros, todos con muchas horas de vuelo, merendamos unas pizzas y partimos para Corralillo, hacía buen tiempo, el vuelo es seguro, -me prometieron.

DSC00077

Tomamos un auto con nuestras voluminosas mochilas y próximo a la montaña, unos 3 Km quizás, continuamos la marcha a pié con la carga.

DSC00134 DSC00133

El esfuerzo que se debe hacer en el ascenso es grande, demanda mucha energía, y eso que esta es la más sencilla de subir -me dicen- en el Macho (otra zona de vuelo) la cosa si es dura.

Por el camino atravesamos zonas de cultivo y saludamos a los campesinos que ya, a fuerza de ver pilotos con sus mochilas, no les causamos curiosidad.

DSC01974

Ya en la cima, comenzamos con los preparativos y el entrenamiento previo. Abajo, en la falda, lo sufría el amigo y fotógrafo Ivan Soca, quien volaría en el paramotor.

DSC01990

DSC00171 DSC_0056_7

Listo con todos los implementos, tuvimos que esperar que el viento fuese el adecuado, el parapente es un deporte de mucha adrenalina, pero también de mucha paciencia.

DSC00259 DSC00304

Debo aclarar que, aunque me apasiona explorar, salir de excursión y hacer deportes de riesgos, padezco de un vértigo casi incontrolable, le tengo pánico a las alturas; si subo a un edificio de más de tres plantas, no me acerco a los balcones aunque me paguen, por lo tanto, imaginarán el conflicto que se genera en mi interior entre el hacer realidad uno de mis grandes sueños y el pánico a las alturas.

DSC02013

El asunto me hace sudar… y dudar, pero por esta vez el sueño vence y me lanzo, la suerte está echada.

DSC02027

DSC02065

Al inicio, luego del despegue que resultó más sencillo de lo que pensaba, estaba algo incomodo, como colgando, haciendo un esfuerzo tremendo por sujetarme bien, pero muy pronto el piloto hizo las maniobras pertinentes y me acomodé en el asiento. ¡Ahhh, el mundo desde arriba! Así lo ven los gavilanes, pienso, al ver pasar los pimpollos de las palmas reales bajo mis pies. No paro de tomar fotos, la vista y la experiencia total son increíbles. ¡¡¡ESTAMOS VOLANDOOO!!! He logrado lo que Dédalos, el sueño de Da Vinci y el de otros tantos seres humanos. Estoy en ese momento tan feliz que me invade una compasión tremenda por todos los que, a pesar de soñarlo mucho, no lo lograron. Les aseguro que es totalmente diferente a lo vivido, la altura no te da temor porque tienes el control de ella, no te puedes caer si te asomas, porque ya estas en el aire, ya saltaste.

DSC00294 DSC00323 DSC02029 DSC02019

DSC00224

Avisados por la señal de las auras tiñosas (excelentes planeadores) aprovechamos una corriente térmica que nos asciende (acá les llaman papujas, cuando son muy fuertes), desde el aire, puedo ver la zona de vuelo y el despegue de otros. Se debe tener cuidado de que no colisionen los parapentes en el vuelo, seria desastroso, pero hay todo un grupo de normas que se cumplen con rigor para que esto nunca suceda. De todas formas, a una distancia segura, veo a Ivan volando en el paramotor, también disfrutando su vuelo.

DSC00176 DSC00177

DSC02005

Aunque la experiencia resulta fabulosa, no se debe abusar de ella, luego de diez o 15 minutos el inexperto, comienza a sentir mareos y nauseas debido a las variaciones de la percepción de la fuerza gravitatoria, y es aconsejable aterrizar. Lo hacemos en un potrero cercano y asustamos a los caballos que pastaban apaciblemente, al parecer estos no son familia de Pegaso.

DSC01981

El aterrizaje fue perfecto, resultó innecesario que moviera mis pies como bicicleta en función de tren de aterrizaje, porque lo que hicimos fue posarnos en la tierra.

DSC00342 DSC00354

La actividad no termina hasta que no se han plegado correctamente las alas y se guardan en las mochilas, se doblan con sumo cuidado para no dañarlas y asegurar un próximo vuelo.

De regreso, nos tiramos fotos con un par de campesinos, Alena, siempre muy sociable, va a pedirles caña para comer y como suponen, la bondad de nuestros hombres del campo está presente, le dan varias e incluso, las pelan.

DSC00383

Y yo mirando a los bueyes como rumian su alimento, hacia algo similar a ellos, rumiando la experiencia vivida, el placer de conquistar un sueño. Repasaba los momentos del vuelo con la alegría de saberme uno de los pocos, en la historia de toda la humanidad, que ha visto la tierra como solo la pueden ver las aves y los ángeles.

DSC02055

2 pensamientos sobre “Volar, el sueño realizado de Da Vinci”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *