Cayo Saetía, un pasaje secreto a la pradera africana

DSC00092La pretensión de viajar desde Cuba hasta las praderas africanas, aún si temes a los aviones, puede ser resuelta. Existe un pasadizo mediante el cual se llega en auto al paisaje africano. No, no estoy bromeando, les voy a revelar el secreto, ese pasaje se llama… Cayo Saetía y está ubicado en la provincia de Holguín. El cayo es la puerta a una de las bahías de bolsas más grande del mundo. Pero como vista hace fe, y todavía los noto un poco incrédulos, los invito a que me acompañen al safari, desde Cuba, a las praderas africanas.

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Partimos desde Holguín, Ciudad conocida como la “Ciudad de los parques”. Aprovecho para dar un breve recorrido por alguno de ellos.

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Nos transportamos en ómnibus de Gaviota, pero el trayecto también se puede hacer en auto ligero. Al llegar fuimos cordialmente recibidos a la entrada del cayo. Una breve explicación de su origen, su funcionamiento… yo admirando los cráneos de los animales que ocasionalmente se deben cazar para mantener el equilibrio del ecosistema.

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La amabilidad de nuestros anfitriones nos regaló un refrescón de agua de cocos, yo, ni corto ni perezoso, me tomé dos y pedí al señor del machete que me abriera los míos para poder disfrutar de una masita blanca a punto de cuajar.

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Regresamos al ómnibus que nos trasladó hasta una villa con estas simpáticas y confortables cabañas. Prometo regresar y hospedarme en una de ellas.

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En el jardín, una iguana nos enfrenta al ver que invadimos su territorio, pero enseguida desiste. ¡Fotógrafos otra vez! se dice, obstinada.

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Nuestro guía nos explica, desde una maqueta, la infraestructura del cayo, los principales atractivos y los planes de desarrollo. ¡Impresionante!

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Antes de la jornada un desayuno con jugo de frutas naturales, aunque hay quien por tradición prefiere un café con leche caliente. Me recuerda la casa de mi abuelo santanderino, en Guantánamo, con la mesa larga en el centro, taburetes y cabezas de animales en las paredes. La cantidad de comensales era similar a la de aquí, tuvo catorce hijos. Claro, los pomos de agua no, allí se tomaba el agua de las tinajas.

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A partir de allí dejamos el ómnibus y subimos a un camión ruso que nos transportó en safari por toda la pradera.

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El viento fuerte, constantemente volaba las gorras y los sombreros; el camión paró como tres veces para recogerlos. Yo como como soy cabezón no aseguré el mio, también se voló y me dio vergüenza volver a detener el camión, lo lamenté porque le tenía cariño a ese sombrero, pero me quedó el consuelo de que al menos lo dejé en una ruta salvaje. Heme aquí con tres colegas (los jinetes del apocalipsis) la última foto con mi sombrero. Consejo, aseguren siempre el suyo.
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El camino repta zigzagueante bordeando el maniguazo y resulta tan africano el paisaje, que uno siente en la nuca el temor de que en cualquier momento te salte un leopardo.

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Estas vacas son originarias de la india, y todo parece indicar que no le son muy fieles a sus maridos. Por si o por no, preferimos verlas desde la seguridad del camión.

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Luego, ante nosotros, se abrió de pronto, una vista increíble.

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Nos detuvimos en el edén, una pequeña playa, medio perdida entre rocas y barrancos, pero con una arena que parecía haber caído del reloj de Dios.

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Cebras, jirafas, búfalos, gacelas… un mundo jacuma matata puedes encontrar en este paradisíaco cayo.

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También una manada de caballos. Esta comparte el pasto en armonía con sus vecinos inmigrados del llamado continente negro.

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Y luego, el amor de mi vida, desde que vi a esta señorita aterciopelada no me quise separar de ella; lo esbelto de su cuello, su elegancia en el andar, y sobre todo lo voluminoso de sus muslos. Pero no fue un amor correspondido, en cuanto se enteró de que mis intenciones eran invitarla a una cena de fin de año, pidió socorro. Se necesitaron dos hombres forzudos para poder separarme de ella.  No, la verdad es que sería incapaz de dañar a un animal así, para simplemente aprovecharme de su carne.DSC00167

Otro amante pasional lo es este jirafo, quien mató a su pareja, a golpes de cuernos, por el mero hecho de no querer cumplir con sus deberes de esposa, la pobre no estaba en celos y el andaba farruco. Es mejor mantener la distancia y alimentarlo con una cerca de por medio. Consejo sano.       DSC00187

Concluimos el recorrido en un restaurante al lado de la playa, un ranchón con cubierta de guano y piso de madera. Es lo máximo, en Saetía se une a la pradera africana, las playas caribeñas y resulta una combinación perfecta.

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Luego del safari te puedes bañar en una playa verde-azul donde arriban lanchas y catamaranes.

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El almuerzo es una delicia, y más que eso: es una sorpresa. Aumento mi registro gustativo; por primera vez saboreo la carne de búfalo. El sazón es equilibrado y se asoman a mi paladar, rastros de mantequilla y culantro, la carne es jugosa con sabor firme. Aunque prefiero la cerveza Cristal (un poco mas suave), este plato exige una Bucanero fuerte. ¡Maridan a la perfección!. Quizás sea por el hecho de que el nombre de bucanero se le adjudicó a los contrabandistas que negociaban con carne de res ahumadas.

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Luego del suculento almuerzo, unos prefieren reposar, otros salir de pesca.

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No puede existir Caribe sin playas de ensueño, ni papagayos… Este parece darse bien conmigo, antes lo he sobornado con unas galletas.

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Me despido de Saetía con la determinación de volver, allí he dejado mi sombrero y a nuevos amigos, pero me llevo la experiencia surrealista de llegar a un paisaje africano desde un cayo en la bahía de Nipe, en Cuba. Yo regreso, no se ustedes.

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5 pensamientos sobre “Cayo Saetía, un pasaje secreto a la pradera africana”

  1. Había escuchado de este lugar, pero no tenía idea de que fuera asi, tan espectacular. Concuerdo contigo, es una pequeña padrera africana escondida! Pero también tiene mucho más que eso. Un lugar más para mi lista.

  2. Es interesante como ese Cayo alberga a esos paradigmas de nuestra fauna cubana a la intemperie vagando libremente entre sus llanuras, sus bosques y tambièn como puede uno deleitarse en esa maravillosa expedición.

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